jueves, 25 de agosto de 2011

Primer Capítulo: Los Nuevos Moradores (Lar Zarog)


—Adelante, contádmelo todo.

Me siento sobre una raíz que sobresale del suelo y dejo que me rodeen. Por más que lo pienso no imagino qué ha podido pasar, siendo el Theras lo que más me inquieta. Da igual que esté muerto, su presencia es una clara señal de preocupación. Y quizás de peligro inminente.

—No será a ti a quien rindamos cuentas, Nalûk, sino a Sar Lantal.

Ni las palabras ni el tono beligerante de Zarog me sorprenden. Le miro desafiante y me percato de que sigue sujetando contra su pecho aquel bulto, recubierto con su propia capa. Asegurándose de que nadie se lo va a arrebatar.

—¡Maldita sea, Zarog! Fue precisamente la Vieja la que me encomendó guiar al grupo del sur, como bien sabes. Creo que eso me da derecho a...
—¡No te da derecho a nada! Estaba claro que el otro lado del río es seguro, tu labor no tiene ningún mérito. Por el contrario, nosotros...
¿Nosotros qué, Zarog? —le interrumpe Yared—. ¿Combatimos con valentía frente al Theras hasta darle muerte? ¿Hemos hallado algo de incalculable valor para el grupo? ¡No me fastidies! Fácilmente podríamos haber tenido un disgusto, por culpa de tu insensatez.
—No lo entiendes, Yared... Esto puede ser de gran importancia para todos nosotros, ¡lo presiento!
—Tú y tus presentimientos... Tienes tantos que uno de ellos acabará siendo certero, algún día —se ríe conciliador Yared, y Zarog le devuelve una media sonrisa—. Ahora yo, como Mando de esta expedición, explicaré a Nalûk lo que ha ocurrido por ser él el Mando del otro grupo. Escucharemos su opinión y nos iremos de vuelta, que ya son horas. ¿Alguien tiene algo que objetar?

Nadie abre la boca. Es raro que alguien se atreva a llevarle la contraria a Yared; ni siquiera Zarog, pese a su importancia entre nosotros.

—Todo iba bien —comienza a decir Yared, mientras se sienta a mi lado—. Fácil. Habíamos inspeccionado lo planeado y nos disponíamos a volver, sin haber encontrado nada reseñable. En un momento dado creímos oír algo, a nuestras espaldas, por lo que nos aferramos bien a las ramas y guardamos silencio. Pero no nos volvió a llegar ningún sonido fuera de lo normal. Reemprendimos la marcha y me relajé pensando que podíamos tener un regreso tranquilo. Qué iluso...  No contaba con que Zarog, de repente y sin avisar a nadie, saltase hacia el suelo y corriese hasta una zanjas próximas, de tierra removida por las últimas riadas. Lo que allí vio y recogió... que te lo cuente él, que ni a mí me deja verlo.

Se gira y mira de nuevo a Zarog, que se mantiene firme.

-Ya te lo he dicho, y te lo vuelvo a repetir delante del Tentácuno, para que él también lo sepa. Creo que es algo importante, mucho; y sólo se lo mostraré a Sar Lantal, te pongas como te pongas. Y si intentas arrebatármelo me enfrentaré a ti, por muy caro que le costase a la Manada la pérdida de uno de los dos. Y todo esto, Yared, con el más grande de mis respetos.
-Claro, cómo no... —responde Yared, despreocupado, sin siquiera mirarle.

Yo hago oídos sordos al insulto que me acaba de obsequiar el muy ruin y me fijo en mi amigo. Le noto cansado, harto de este tipo de tonterías. No estamos aquí para esto, sino para sobrevivir. Y eso es lo único que le preocupa a Yared. Sobrevivir. Y malditos sean los presentimientos y los delirios de grandeza.

¿Y qué hay del Theras? ¿Qué pasó con él?
—Pasó que en verdad no estábamos solos; que sí habíamos escuchado algo. En cuanto Zarog recogió... "eso" del suelo el Theras surgió de entre unos arbustos situados a nuestras espaldas y corrió directo hacia él. Pero bueno, ya le conoces. Se dio la vuelta, le aguantó la mirada y, en el último momento, se subió de dos saltos a un árbol cercano. Sin soltar lo que tiene entre las manos, por supuesto.
—De acuerdo, ¿y por qué está muerto?
—Por la mala suerte. La suya, evidentemente, y la de Salah, cuya rama se quebró haciéndola caer al suelo. Paf. Unos segundos después la pobre se vio con una rodilla lastimada y un Theras abalanzándose sobre ella.

Nos giramos y la vemos algo apartada del resto, aún sentada y descansando. Xanti sigue a su lado, intentando calmarla. Mientras le sonríe levanta la cabeza y nuestras miradas se cruzan, durante un instante.

—Mas es fuerte, muy fuerte. Bueno, como todos nosotros a estas alturas del Ciclo, claro. Pero aún me sorprende pensar lo poco que tardó en levantarse y echar a correr. El Theras la siguió, cómo no; y avanzaba bastante más rápido que ella, así que no me lo pensé dos veces y me fui detrás de ellos, tan veloz como pude, siguiéndome el resto por detrás. Así pasamos por el claro donde te encontré, casi a punto de alcanzarles. Algo que no conseguí hasta que llegamos a este lugar. ¡Y qué poco faltó para que hubiese sido demasiado tarde!
¿Cómo le venciste?
—No te creas, fue mucho más fácil de lo que puedas imaginar. De hecho, creo que era un Theras joven, demasiado inexperto y confiado. En cuanto llegué a su altura le intenté detener, agarrándole de la cola. Su reacción fue instintiva, girándose sin más. Y yo no me lo pensé mucho: en cuanto se dio la vuelta le hundí la lanza de roedol en el cuello. Fue bastante rápido, afortunadamente para todos. Ya te digo que incluso fácil, aunque todo se podría haber evitado desde el principio...
—Que sí, Yared, que sí... —interviene Zarog, molesto—. Y ahora que ya le has contado todo, ¿podemos decidir de una vez qué hacer y volver?
—Tienes razón, no podemos retrasarnos más —Se levanta de repente y levanta aún más la voz, dirigiéndose a todos—. Está claro que tenemos que deshacernos del cuerpo. Estoy seguro de que los Theras andan demasiado cerca, y no les hará gracia encontrarse con uno de ellos agujereado en el cuello. Podríamos ocultarlo de manera apropiada por aquí, pero tardaríamos demasiado y no quiero que se nos haga de noche en este lugar. ¿Alguna idea?
—Podemos llevárnoslo con nosotros, haciendo turnos en la carga. En cuanto estemos a salvo podremos esconderlo mejor —oigo decir a alguien, quizás Lar Melet.
—Imposible, nos retrasaría aún más. Tenemos que eliminarlo.
—El río —digo de repente, tan rápido como me viene a la mente—. Lancémoslo por el precipicio y que se lo lleve la corriente. Y si por casualidad se lo encuentran en las proximidades bien podrán pensar en un tonto resbalón, ¿no?.
—Humm... No creo que sea la mejor solución, pero quizás no tengamos otra... —reflexiona Yared, en alto—. Está bien, hagámoslo. Y hagámoslo ya. ¡Recogedlo todo, vamos! ¿Quiénes van a cargar con el Theras primero? ¡Tenemos que irnos lo más rápido posible!

Recojo mi lanza del suelo y bebo un poco de agua, preparándome para el camino de regreso. Veo a todo el mundo a mi alrededor, ultimando las cosas para emprender la marcha. Y me fijo en Xanti, que se acerca buscando algo por el suelo, quizás sus cosas.

—¡Hola Xanti! —le saludo sonriendo.
—Hola Nalûk... —me dice por pura cortesía, sin dejar de buscar con empeño.

Intento olvidarla, me giro y me encuentro cara a cara con Zarog, con un tenue y casi inapreciable brillo rojizo en su pequeño cristal.

—Ni te acerques a ella. Jamás.
¿Te refieres a Xanti o... a tu extraña mercancía? —le contesto intentando mantener el tipo, sin acobardarme frente a él y mirando fijamente el bulto que sigue aferrando a su pecho.
—A ambas —me dice aún más enfadado, tras dudar durante un par de segundos—. Ándate con cuidado. Tú no eres Yared, ni en fuerza ni en importancia. Sería un placer para mí destrozarte de una vez...

Y pega su cristal contra el mío, cada vez con más fuerza, hasta que unos brazos nos separan.

—¡Venga, venga chicos! Ya tendréis tiempo de sobra a mataros de aquí al Fin —bromea Yared, antes de volverse hacia el resto—. ¡En marcha! ¿Quién quiere arrojar un Theras por un precipicio?

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